Como quisiera diseñarte los ojos, presionar el pincel con tinta celeste, espolvorear escarcha verdosa encima, lamer antes de secar, y correr con la lengua celeste escarchada de verde, afuera gritar, subrayando que tengo mi lengua a la imagen y semejanza, de tus ojos, ¿y para qué? preguntarían, un ataque de histeria- debiese responder, porque tus ojos embetunados en barro de hoy me parten, no el alma, sino la conciencia de pensar que un día el barro se seca y tus ojitos quedarían blancos. Déjame decirte que el blanco es muy de comercial, muy de emblema cordillerano, muy de tecnología crema, muy de punta, new sensation. Pero y el celeste qué tiene de especial, la escarcha, el verdor- me cuestionarías, lo sé, me cuestionarías, como todas las cuestiones que pienso que son mejores para ti, y yo, y yo presionaría el botón de tus ojos, lo fregaría con lija hasta dejarlo embetunado ya no en barro, sino en sangre, rojo como el fondo de Coca-cola, de mierdonald, de los chocolates, porque exalta la pasión, y motiva, el rojo que ha estado con el martillito ese y la hoz, el rojo, la lucha de los araucanos, el rojo, el leiv motiv de tantas hazañas. Acabo de acordarme que el verde es de la repre, y eso me da depre.
Quedan unas cuestiones dándote vuelta en los ojos celestes escarchosos verdes, quedan plazas cimentadas en tu realidad y la mía, años de espera a la reacción de una galaxia con síntomas estomacales, y yo soy la mierda, sí, yo soy la mierda que perpetuará su cálido aroma en tus suaves ojos celestes.
Déjame decirte que el sabor de este discurso se parece a la sal de tu cuerpo cuando despiertas en la mañana, y en la cama ronda un verdor inicial, intenso, son las algas lacias.
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