Ayer vi en la T.V.
un muerto deambulando en la plaza de armas;
hoy nadie me cree porque es imposible- dicen.
No aparece en la página del noticiero,
no aparece en la mente de quienes estaban
y podrían haber susurrado a su oído.
El desaparecido no era un detenido;
sus ojos de libertad, incipiente, pero libertad
se rieron de mis pupilas cansadas de medianoche
mis pupilas-estrellas brillando apenas
entre el nocturno desorden de mi habitación,
sus ojos se rieron de mi encierro en la casa,
de mi trabajo- lo sabía todo de mi, su mirada
me lo gritaba con sorna- se reía de mi cansancio
de mi absurdo amor a la vida,
"porque yo soy libre de este mundo mísero"
-me parecía susurrar con su presencia evanescente
tras la pantalla-
"y ayer estaba igual que tú".
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